En los nuevos tiempos, el estío es la estación festiva por excelencia. Antaño era la época de mayor trabajo en nuestros pueblos. Las tareas de la recolección en el llano o la recogida de la hierba en la montaña no permitirían el tiempo de ocio. En la actualidad, con la mecanización de la agricultura y el desarrollo del sector turístico, nuestros pueblos se han encontrado, por un lado, con que su población se multiplica con la llegada de turistas, visitantes o hijos de la localidad, que regresan en sus vacaciones y, por otro, que las faenas del campo dejan también tiempo para el asueto. Esto ha permitido que muchas celebraciones festivas se pasen al verano, que la fiesta mayor, si era en invierno, se traslade a este período e, incluso, que aquellas poblaciones que no tenían celebraciones patronales en verano hayan creado sus nuevas fiestas con distintas denominaciones.
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