En lugar de regocijarse con la experiencia de la sexualidad, los cristianos se han asustado y han reducido la sexualidad al aspecto biológico de la procreación. Sin embargo, la biología es lo menos interesante en lo que respecta al sexo, y en los últimos treinta años el cristianismo, afortunadamente, ha sabido percibir mejor la vinculación de la relación sexual con el amor.
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