El arte mesopotámico se reconoce por su carácter religioso y político, utilizando adobe y ladrillo vidriado en estructuras masivas como los zigurats. Destaca por la escultura de bulto redondo rígida y frontal, y bajorrelieves narrativos con figuras de ojos grandes, barbas marcadas y una temática centrada en la guerra, la caza y la exaltación del rey.
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