José Carlos Mainer ha escrito que El bosque animado puede considerarse el «testamento espiritual» de Fernández Flórez. En la silvestre y encantada fraga de Cecebre situó el autor su canto a la naturaleza, ese «himno gigante y extraño», que hubiera dicho Bécquer, a la naturaleza de la fraga, tan viva que sufre como un ser humano. Fue éste uno de los libros preferidos de su autor, libro poético y tierno, aunque sin soslayar el realismo de la vida campesina, bosquejada con pinceladas teñidas de humor e ironía. Su colorido y fantasía tentaron a Walt Disney para una película de dibujos animados que no llegó a realizar: la haría muy bien José Luis Cuerda y no necesitó dibujos.
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