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Desde su publicación por entregas entre 1849 y 1850, David Cooperfield, el "hijo favorito" de su autor, no ha dejado más que una estela de admiración, alegría y gratitud. Para Swinburne era "una obra maestra suprema". Henry James recordaba que de niño se escondía debajo de una mesa para oír a su madre leer las entregas en voz alta. Dostoievski la leyó en...