Pegado a uno de estos vanos se encontraba el Analista.Sentado en su silla de ruedas contemplaba, absorto, la oscuridad que se abría ante sus ojos. Alguien que no hubiese sido él no habría visto nada sólo vacío. Pero a él no le ocurría esto. Miraba al Agujero Negro y hacía poco había llegado a una, para él, sorprendente conclusión que estaba vivo. Podía ver cómo se movía, cómo palpitaba, cómo engullía con voracidad. No, no, era un depredador. Era como una salida viviente.Siguió contemplándolo durante un largo periodo de tiempo, podía ver cómo se abría para devorar algún planeta o alguna estrella
Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información desde su navegador Web.