Convivieron con los dinosaurios y les sobrevivieron. Bien cuidadas, pueden compartir con nosotros hasta sesenta años. Silenciosas, amables, tranquilas. Aunque son algo desconfiadas al principio, llegan a acostumbrarse a su dueño hasta tal punto que son capaces de responder a su nombre, acercarse a buscar una caricia o a comer de su mano una flor. Su lenguaje corporal nos ayudará, en cada momento, a interpretar su estado de ánimo.
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