En esta novela Hunter se aparta de su especialidad, el relato policial, para incursionar en un tema psicológico-familiar: la relación de una niña -narradora- con su nuevo padrastro. Es un alegato a favor del divorcio, la defensa de la comprensión, la tolerancia y el amor como valores esenciales de la convivencia humana. Es una de sus novelas menos conocidas, el cambio de género es evidente, pero no por ello debe ser considerada como una obra menor.
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