A los pocos días de nacer, SAID es separado de su madre: el divorcio de sus padres se había producido ya durante el embarazo, y estaba decidido que el niño viviría exclusivamente con su padre. Tan sólo una vez, a los 12 años, pudo ver a su madre durante una breve tarde. Décadas después, SAID ha cumplido 48 años y vive desde hace mucho en el exilio alemán. Para su sorpresa, recibe una llamada telefónica de su hermanastro de Teherán: su madre quiere volver a verle y, al no conseguir el visado para entrar en Alemania, le propone reunirse en Canadá en casa de su hermanastro.
Descripción
Descripción: Salamanca 2006. Encuadernación de tapa blanda con solapas. 161 páginas.
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