La autora nos sumerge en los avatares de tres generaciones de la familia del Valle y de su más preciada posesión, la azucarera "La Justicia", símbolo de la propia isla. Los prejuicios raciales, donde la presencia de una mestiza en un exclusivo internado de monjas durante la década de los cincuenta es fuente de conflicto; la intriga, a raíz del misterioso comportamiento de Adriana durante su noche de boda; e incluso el melodrama, en la presencia constante del "ángel exterminador" , reparador de injusticias, son piezas de este mosaico, metáfora de un orden social de corte patriarcal.
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