Fitzgerald recreó en Suave es la noche las amargas experiencias que le depararon los ocho años que tardó en escribirla. El internamiento de su mujer Zelda en un psiquiátrico y el descenso a los infiernos de la que por entonces era la pareja de moda, que lo había tenido todo para ser feliz, aceleraron sus ansias de autodestrucción. A través de su personaje Dick Diver intenta comprender los claroscuros de la vida: la intromisión de una amante en un matrimonio de renombre, sus destructivas relaciones con el dinero y el alcohol y la búsqueda imposible de un equilibrio emocional. Para Fitzgerald, una vez que se traspasa la línea que separa la lucidez de la locura, puede suceder cualquier cosa, incluso que los papeles se intercambien y el equilibrio acabe en la pura bancarrota emocional. En palabras de Zelda Fitzgerald, Suave es la noche es un retrato de opulencia destructiva e idealismo malogrado.
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