Windy es una peluquera de Austin, Texas. A Windy le gusta hablar. Mucho. Hoy tiene a uno de sus clientes habituales, catedrático de la universidad. Y cuando comienza a cortarle el pelo, inicia su monólogo. Un discurso simple -¿podía ser de otro modo?- plagado de penetrantes e irónicas reflexiones sobre la muerte, la marginalidad, Dios, la incomunicación, la política. En este brillante ejercicio narrativo, Gustafsson consigue poner de manifiesto la vacuidad de un modelo de sociedad, el estadounidense, al que vemos ganar cada vez más terreno en nuestra vieja Europa, al tiempo que desvela el lado más oculto del espíritu humano.
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