La noria fue el retrato perfecto de un día en la Barcelona de mediados de siglo XX. Treinta y siete personajes dispares que podrían ser los treinta y siete cangilones de una noria que gira sin parar y que nos recuerda que los días, y la vida, son cíclicos, cambiantes, milagrosos. La noria sigue girando, aunque los edificios, el paisaje y la gente que ve callejear desde su atalaya hayan cambiado tanto.
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