La obra literaria de los hermanos Lupercio (1559-1613) y Bartolomé (1561-1631) Leonardo de Argensola, admirada en su época, siguió siendo famosa durante el siglo XVIII y en siglos posteriores. En tanto se iban afianzando las novedades de los discursos que se llamarían más tarde barrocos, impulsados por el ejemplo de Góngora desde fines del XVI y de los poetas gongoristas ya en el XVII, los Argensola siguieron expresándose en un estilo clasicista centrado en la claridad y en la concisión en el plano expresivo. En cuanto a las formas de producción textual que defendían, Bartolomé hizo explícita en repetidos pasajes de su obra, la idea de que la creación artística se basaba fundamentalmente en la imitación de los clásicos antiguos y de los escritores renacentistas del primer siglo de oro como Garcilaso de la Vega. El método derivaba, sin duda, de las normas establecidas por las poéticas griega y romana que juzgaban intemporales: «Sigue la imitación que tanto alaba / la escuela por precepto más seguro, / que al mismo Alcides quitarás la clava.» Si en Roma se hizo literatura imitando precedentes griegos, Bartolomé recomienda que se imite a los romanos y a los griegos, directamente o a través de quienes los imitaron.
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