Más allá de las fronteras galas, Astérix y Obélix viajan a los confines del Imperio Romano guiados por nobles sentimiento. En Bretaña su misión es liberar al pueblo del primo de Astérix del asedio de los romanos. En Hispania la intención es devolver a Pepe a su familia. Les cuesta cruzar la frontera ya colapsada por los primeros turistas. Por fin llegan a Roma. Allí descubren que además de locos, los romanos están estresados y viven amontonados en pisos. El tráfico es tan demencial que seguramente ni en siglos lograrán controlarlo.
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