En este libro, Hugo Salgado distingue la lengua oral de la lengua escrita y examina la incidencia del aprendizaje de la lectura y la escritura en la configuración del pensamiento de los sujetos. A partir del análisis de la producción escrita de quienes están en proceso de alfabetización, observa que la incorporación de la escritura puede promover en el sujeto el desarrollo de determinadas estructuras de pensamiento que no suelen ser habituales en aquellos individuos que no se han apropiado de ella. En tal sentido, el autor sostiene que al fomentar la lectura, la escritura y la reflexión sobre el lenguaje es muy probable que favorezcamos el desarrollo de nuevas estructuras de pensamiento, de una mayor objetividad y capacidad de análisis, y de esa conciencia crítica capaz de concebir la realidad no como un producto acabado, dado de una vez y para siempre, sino como un proceso dinámico y complejo, susceptible de ser transformado.
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