Juan Larrea e Ignacio Ellacuría, uno poeta y americanista y el otro filósofo y educador, han sido seleccionados, para este ensayo, como representación de las personalidades universales que la tierra vasca ha dado en el siglo XX. Son, sin duda, cada uno a su manera, un claro prototipo del vasco que se entrega para extender sus conocimientos y su actividad, su «fruto», por el mundo, que sabe dar de lo mucho de bueno que tiene para que de ese «fruto» se beneficien no sólo sus paisanos, sino también las gentes de otros territorios y países, aunque a uno esto le llevara a la marginación y al olvido y al otro a la muerte violenta por asesinato.
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