Durante la primera mitad del siglo XIV, la historia de la lógica dio un giro notable, en la medida en que la silogística de cuño aristotélico empezó a ser limitada y sustituida por la lógica proposicional. La lógica se asumió entonces como un arte que aspira a obedecer principios universales y necesarios que regulen las inferencias formalmente válidas: las llamadas -consecuencias-. En esta tendencia se inscribe la obra lógica y semántica de Burleigh, prolífico comentador de Aristóteles. La presente versión al español viene acompañada de una introducción general de F. Castañeda y de otros dos estudios complementarios.
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