Los vampiros forman una aristocracia inmortal que gobierna con mano de hierro y mantiene a los humanos sometidos bajo un auténtico imperio del miedo. La Iglesia, dirigida por un Papa vampiro, sostiene este orden, mientras que el mundo islámico persigue el vampirismo. En Londres, el científico Edmund Cordery descubre el microscopio y empieza a estudiar los fluidos del cuerpo humano. Está convencido de que el vampirismo no es magia, sino un fenómeno natural, parecido a un virus que se transmite solo en condiciones muy específicas y controladas por los propios vampiros. Sus investigaciones lo llevan a la ruina, pero antes de caer en desgracia transmite sus hallazgos a su hijo Noell Cordery
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