«Es mi propósito que esta Breve historia del mundo se lea casi con la misma facilidad que una novela. Ella da cuenta, de un modo muy general, de nuestros conocimientos actuales de la historia, libres de elaboraciones y complicaciones». Así se inicia el breve prefacio que H. G. Wells redactó, en 1922, como preludio a un ensayo que no pretendía otra cosa que dar una visión de conjunto de la historia del mundo y que iba dirigida a un lector no especializado que quisiera «refrescar o rehacer sus concepciones fragmentarias o anticuadas de los grandes acontecimientos de la humanidad».
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