Un Forrest Gump de nuestros lares y con una vida mucho más gris que la de su colega americano, no está exento de ironía y humor provocados, la mayoría de las veces, por la obviedad de sus descripciones y opiniones. Y, claro, el humor no deja de ser un preservativo, más o menos consistente, para suavizar y aligerar moralejas y críticas. De esta manera, cuando el loco nos explica el comportamiento de su familia o la sociedad en general, detrás de la carcajada o la risa amable por cómo nos lo cuenta, está también la crítica sobre aquello que cuenta.
Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información desde su navegador Web.