Sus brevísimos y acerados artículos conspiran unánimemente contra la solemnidad y el lugar común y son un prodigio de observación y naturalidad, además de encerrar siempre una inmensa carga humorística de raíz hondamente galaica. A Camba, a todo Camba, pero en especial al primero, el más bien humorado y el más escéptico, puede seguir, cien años después, leyéndosele como lo que es, un escritor plenamente actual, un escritor de nuestro tiempo. El más singular y personalísimo de los corresponsales extranjeros que ha tenido nunca la prensa española.
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