En pleno verano, en el pequeño pueblo francés de Nieul, el propietario de la granja Prado del Buey, el señor Nalliers, muere al caer desde un cobertizo. Todo apunta a un accidente fortuito, más aún porque era un hombre enfermizo y propenso a ataques repentinos. En la casa estaban su esposa, su cuñada y su suegra, y nadie parece haber visto nada extraño.
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