La primera vez que llegó hasta mí el nombre del Comendador de las Sombras fue a través de una cita bibliográfica. Yo tenía entonces veintitrés años, un modesto puesto en la Universidad y, sobre todo, a Silvia. Me interesaban los documentos que manejaba en aras de mi trabajo -una tesis doctoral sobre rastros documentales de las órdenes militares-, pero mucho más los ojos y los labios y las palabras de mi compañera. Lo que no imaginaba era que, persiguiendo aquella pista que me remontaba a un lejano pasado medieval, casi como jugando a ser un detective de la Historia, mi mundo real y contemporáneo se iba a ver tan afectado.
Descripción
Descripción: Barcelona, 2013. Rústica con solapas. 197p., 13x20,5cm
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