Había una vez un molinero avaro que acumuló grandes tesoros. Al morir, fue condenador a moler piedras en su molino todas las noches. Para librarse de tal tormento, enseñó a un niño un conjuro para alejar la lluvia. Asi se secaría el río, el molino no podría funcionar y el molinero dejaría de ser un alma en pena. En pago, el niño recibiría los tesoros del molinero.
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