En la noche de la Luna Melancólica, resonó el aullido solitario. Angustiado, murió en la soledad de la selva, en medio de los ruidos de aquella multitud invisible que nos acechaba desde su escondrijo. Toda la selva parecía esperar que yo matara a Saguairú. Seguí aquel viento. Aquel diablo viejo y astuto ya conocía mi olor. Éramos enemigos hacía mucho tiempo.
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