Después de doce años de haber perdido en Alburgo a Amelia, la mujer de su vida, el narrador de esta historia recibe de sus manos un manuscrito, la carta póstuma que el pintor Víctor Pérez Antón, presidente de la Fundación Elisa Gaviotas, escribió a su marido, el profesor Lázaro Calles. Mediante la lectura de esta carta, el narrador regresa al pasado, a una ciudad imaginaria que, envuelta por la música de Bach, protege el misterio de Elisa Gaviotas. Rodeada de personajes fascinados por el arte de la pintura, se convierte en la musa de esta historia
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