Brillante apertura del Cuarteto de Alejandría, la celebérrima tetralogía de Durrell. Aquí asistimos a la precisa belleza con que Darley, el narrador, refiere la historia de su pasión hacia la enigmática Justine, centro de unos amores cruzados. El desenlace, con una misteriosa muerte, es en realidad un final abierto que sólo cobra todo su sentido tras la lectura del resto del Cuarteto (Balthazar, Mountolive y Clea).
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