A finales del siglo XIX la dinastía Qing está viviendo sus últimos días. La habilidad política de los antiguos emperadores se ha diluido en el arcaísmo de las estructuras de gobierno y las ambiciones colonialistas europeas. Solo el esplendor de la corte de Pekín conserva el atractivo de la antigua China imperial.
Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información desde su navegador Web.