"El hombre de la maleta permaneció inmóvil al borde del foso. Las puntas de sus zapatos negros cortaban la línea blanca que recorría todo el andén. Se encogió de hombros cuando el ruido se hizo más preciso. [...] Jacques se levantó y se detuvo justo detrás del hombre. Tembló de frío. El sudor le empapó la espalda. La locomotora pasó la primera señal de límite de clase. Sus manos salieron de los bolsillos y se pegaron a la omóplatos del hombre que se cayó en un grito terrible [...] Nunca había visto nada más grande que un vagón de metro.
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