Gracias mil. Es una de las frases que más usa Charlie Chan. Porque es un hombre extraordinariamente educado, lo que no le impide ser duro e inflexible. La avalancha de chinos taimados, crueles, siniestros y malvados de tantas novelas tienen su contrapunto en este detective. El sargento Chan de la policía de Honolulú es flemático, tiene doce hijos y, sin otra pista que la proporcionada por un loro que se va de la lengua, puede desentrañar el misterio de un asesinato sin cadáver.
Descripción
1981,rústica.Texto a doble columna,leves roces.Ilustraciones.
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