El viejo está sentado en su butación de siempre, todavía con la marca del llanto ahogado en cada arruga de la cara; un llanto que sólo ahora Alain comprende. Aún para él, acostumbrado a ver gente asesinada, atropellada en todas las formas posibles, imaginables, era duro ver a Patty desangrada en aquel cuartucho. Para Alex debió de haber sido peor: sólo en unas horas la había logrado frenar a fuerza de cojones, lo había transformado en ese hombre destruido que tenía frente a él y que, sin embargo, trataba de aparentar menos dolor del que a las claras se veía.
Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información desde su navegador Web.