3ª Edición. En el Pirineo, el cuento se escanciaba en las largas veladas de invierno. El contador, narrador, cuentacuentos... el abuelo. El clímax llegaba con el chisporroteo del fuego, el silbido del viento en lo alto de la chimenea, la nieve en el alféizar y la luz en el candil. El auditorio: niños pequeños y grandes, pastores, criados, jornaleros, que bebían las palabras del viejo para, llegado su momento, repetirlas a la siguiente generación.
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