«Los tres cuentos aquí reunidos comienzan con sencillez pastoral, en zonas silvestres o poblachones remotos a los que se acercan personajes de apacible carácter para encontrarse hundidos en una complicación irresoluble al cabo de pocos minutos. Las narraciones de Fernández de Castro alcanzan un punto de saturación téc nica que parece imposible de resolver y entonces, en apenas tres páginas, el nudo se deshace y el laberinto se abre. La prosa de Fernández de Castro une el virtuosismo a la facilidad natural, como esos violinistas que parecen tener doce dedos y que tocan partituras inverosímiles mientras le guiñan el ojo a una señora de la primera fila.» Félix de Azúa.
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