La moral es, a la vez, permanencia y cambio, texto e inspiración, letra y espíritu, herencia del pasado y promesa de futuro. ¿Por qué no quedarse para siempre en unas normas fijas, como en refugio seguro? ¿Puede cambiar la moral? ¿Debe cambiar? No se puede ni aceptar ni rechazar todo cuanto nos trae el presente o todo lo que nos legó la tradición. Es preciso reflexionar sobre los valores humanos, rehacer la andadura moral en este tiempo de crisis, conocer su relación con la fe para, en la libertad iluminada, realizar solidariamente la propia vida.
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