Eugenia Paston había jurado que haría un pacto con el mismo diablo, si eso significaba salvar de la ruina el astillero de su padre. Pero, asociarse con el rico capitán inglés Alec Carrick parecía ser un acuerdo mucho más peligroso. Una vez que estuvieron en las tempestuosas aguas del mar, el aristócrata británico provocó en ella deseos que nunca antes había conocido, placeres que ni siquiera había podido imaginar. Y, con sus caricias y atenciones, él iba a obtener las más valiosas posesiones de Eugenia: su independencia y su frágil y apasionado corazón.
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