La idea de que la vida eterna puede ser la peor de las maldiciones, una posibilidad más horripilante que visiones de demonios y monstruos, es típica de esta autora - el hombre, al tratar de torcer su destino, por vanidad o codicia, se fabrica su propio infierno. En este relato, el protagonista, un joven inmortal, ve envejecer a su amada, huye de un lado a otro para evitar que los demás lo acusen de brujo, sufre la imposibilidad de hacer nuevos amigos y anhela la muerte.
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