En 1852, Justo José de Urquiza venció a Juan Manuel de Rosas en Monte Caseros, a las puertas de Buenos Aires, y se instaló en Palermo. Pero los porteños no estaban dispuestos a compartir su poder con ningún caudillo provinciano: el país de quebró en dos estados enemigos. En la batalla de Cepeda (1859), Urquiza obligó a Buenos Aires a deponer su rebeldía separatista; en la de Pavón (1861), Mitre consiguió imponer por fin al país el proyecto político de la ciudad del puerto.
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