Por principio-miericordia entendemos aquí un específico amor que está en el origen de un proceso, pero que, además, permanece presente y activo a lo largo de él, le otorga una determinada dirección y configura los diversos elementos dentro del proceso. Este principio-misericordia creemos es el principio fundamental de la actuación de Dios y de Jesús, y debe serlo de la Iglesia.
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